Cuando le duele que le ames

By Psicomata - 12 abril

  Estaba a punto de acabarse el verano y con él se acababa su aventura londinense. Podría concluir que ese había sido el mejor y el peor verano de su vida. En realidad no era verdad, había vivido otros muchos veranos mucho más felices que ese y otros muchos más tristes. Sin embargo, era cierto que ese era el verano más intenso que a sus 29 años recordaba.

   Esa noche le quedaba lo más difícil: despedirse de él. Él era la persona que había llevado al límite sus emociones durante todo el verano. La persona que le había regalado muy buenos y dulces momentos pero que también le había hecho sacar lo peor de ella, una forma de ser que no recordaba desde que era adolescente. 

   Bajó en la parada de Manor House, en la misma parada donde siempre quedaban. Él trabajaba cerca y era el punto donde siempre se encontraban, especialmente porque ya habían tenido alguna que otra discusión por concretar el punto de quedada. Llegó una hora antes porque, aunque durante ese verano había perdido parte de la autoestima y seguridad que había ganado gracias a su estancia en Londres, el hecho de volver pronto a España le hacía sentirse más fuerte y segura y quería aprovechar para hacer sola algo que nunca había hecho. 

   Sabía que esa noche podría volver a repetirse uno de sus tantos enfados inoportunos e inesperados, tan inoportunos e inesperados que cada vez que pasaban, ella no tenía ni argumentos para defenderse porque cómo te vas a defender ante alguien que elige la queja como forma de ser y que interpreta todas tus infortunios como ataques personales hacia él. Personas así difícilmente valoran que la mayoría de las cosas que haces, las haces solo para que él se sienta bien. 

  Cuando salió del "tube" recuperó la cobertura del móvil. "¡Uy, uy, uy! ¡Cuántos wasaps!¡Mala señal! ¿Será David?, no tengo tantos amigos en Londres para que sea otra persona". Efectivamente, David uapi. Escribía: "no quiero que vengas, no te quiero ver, no te quiero despedir. He tenido un mal día y no me apetece. No es tu culpa. Lo siento pero vete". 

  Al ver que ella no le había contestado ante esos mensajes supo que posiblemente era porque vendría en el metro. Ante la no respuesta de ella había continuado: "¿no estarás viniendo verdad?? y, más tarde, "¿estás vinendo??Me da igual, que sepas que no te voy a ver. Si estás viniendo una hora antes, es tu problema". "Hoy he tenido un mal día y no quiero verte. Lo siento. Sé que es una putada para ti porque es tu último día aquí pero es lo que hay".

  Ella respiró profundamente. Respiro tranquila. En el fondo se lo esperaba. Había sido un verano muy intenso a su lado y la última noche no podía ser diferente. Algo tenía que pasar. Entonces, ella le dijo que lo aceptaba, que obviamente le gustaría vivir una última noche especial junto a él pero que si él no quería, pues que se acababa. Al fin y al cabo pronto vivirían en dos ciudades distintas de dos países diferentes. Pero de todas formas le dijo que no renunciaría a su idea de tomarse una última cerveza sola, sin compañía como había hecho muchas otras veces en otros bares. 

  Se fue al The Finsbury porque era un bar al que tenía muchas ganas de ir y, ya que no había contado con su compañía en todo el verano para tomarse una pinta allí, no quería perder la oportunidad de hacerlo sola. Así que tomaría la cerveza y cuando él, una hora después saliera, le apetecía recoger algunas cosas que le quedaban en la mochila y que ella no podía llevar hasta Valencia, pues que las recogiera. 


  En el fondo no quería irse sin decirle un último adiós, sin verle por última vez y, aunque ella esta vez había aceptado lo mejor que se puede aceptar, que la persona con la que has compartidos las noches de verano no quiera dormir contigo la última noche, sí que le llenaba la idea de verle por última vez.

  Así que un poco antes de las 22 pasó por el Finsbury. Ella le dijo que estaba en ese bar que siempre le había comentado a él que le gustaba, sin decirle el nombre. Él le chillaba por whatsapp (sí aunque parezca mentira se puede chillar por whatsapp ), que de qué bar hablaba, que él no recordaba nada. Lo que él intentaba con estas frases es demostrarle a ella que sus palabras, las palabras que ella le había dicho durante el verano, no eran importantes porque esa noche fue la única noche que David en vez de ir por la acera de la izquierda, la que es natural teniendo en cuenta que su casa estaba a la izquierda, iba por la de la derecha. O ¿quizás era porque iba a comprar al Sainbury's por lo que cambió de acera?. 

 Aún así le chillaba: "mira yo no sé donde está ese bar ni donde estás tú, así que dale a otro mis cosas que yo no he tenido un buen día y me voy". 

  Entonces, ella que ya lo había visto pasar mientras hablaban por whatsapp se bebió de un trago el último sorbo que le quedaba de su pinta y echó a correr detrás de él. ¡¡David, David!!! Él como si de un pavo real se tratará dio media vuelta, como si estuviera en un film de esos de cámara lenta que te lo ponen una y otra vez e hinchado le sonrió: "¿para qué corres?". Entonces, ella se acercó y se las dio. Le dio las gracias por el verano, se dio la media vuelta y se fue. 

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Alternativas a la tristeza: leer.

Sergio Fernández