Prohíbida la queja

By Psicomata - 01 abril

 Casi todas las personas somos quejicas. Consciente o inconscientemente, pero casi siempre nos estamos quejando. Ejemplo de quejas: 

  1. "¿Yaaaaa?": Por la mañana cuando suena el despertador).
  2. "¡Todos los días el mismo tráfico!": En el camino en coche al trabajo.
  3. "¡Hoy llueve!", "¡hoy hace mucho calor!": Típicas queja meteorológicas.
  4. "Otra vez el cliente este pesado. ¡No lo soporto!".
  5.  "¡No me apetecen comer lentejas!": Típicas pegas sobre las comidas.
  6.  "Ahora tengo que ir al super a hacer la compra y encima luego reunión de vecinos": Esta última es una queja entre las quejas. En realidad, creo que es una queja compartida por todos los vecinos que se empiezan a quejar la noche de antes de la reunión y la consecuencia de tanta queja es que estas reuniones acaban de la manera que acaban...


  Por eso, una de las recomendaciones más importantes que te hacen los psicólogos desde la primera sesión es la de: "Prohibido quejarse". Y cuando se lo propones al paciente, especialmente, si está muy motivado, la acepta con buen agrado y contesta lo de: "Por supuesto. Lo voy a hacer". Y, sin embargo, en la siguiente sesión cuando te cuenta cómo ha ido la semana, percibes un halo de queja difícil de esconder. 

   Dejar de quejarse es muy difícil porque la queja la tenemos muy automatizada. Cuanto más nos quejamos nosotros mismos, más críticos somos con los demás. Pero es que también, la queja está muy relacionada con la envidia a los demás: cuando nos quejamos de por qué razón tiene éste o ésta tal cosa o yo no. Además de la estrategia psicológica que utilizamos para reducir la envidia que es la de desvalorar los logros que han conseguido los demás:  "Claro es que él tenía un primo en Urbanismo y por eso le dieron la licencia tan rápido"; "Claro, es que como él siempre ha sido rico..."; "Es que lo ha tenido taaan fácil en la vida"... Nos decimos una y otra vez a nosotros mismos esos juicios para desprestigiar la "suerte" de esa persona y no nos damos cuenta que lo único que hacemos es amargarnos a nosotros por dentro

   Por eso, te propongo un reto. Puedes adivinar cuál ¿verdad?. Una semana sin quejarte. Por supuesto, prohibido quejarse a nivel verbal, es decir, prohibido que los de al lado no te puedan oír, pero cuando te estés quejando mentalmente (que te quejarás) corrígete a ti mismo. "La queja es inútil y no sirve para nada". Ya lo decía Stephen Hawkings. Y es que es verdad. Mucho más útil es preguntarse: "Y ahora ¿cómo lo soluciono?"

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Sergio Fernández