A veces, necesitas cambiar por fuera para cambiar por dentro

By Psicomata - 01 abril

Mucha gente me dijo que no huyera, pero cómo sabes cuando estás huyendo y cuando estás tomando una decisión libremente. A mí me cuesta diferenciar y más después de haber pasado los últimos años como los he pasado: desmotivada por el contexto. Para mí, no había otra opción: tocaba irse.

El mayor error hubiera sido pensar que por cambiar, solo por cambiar, iba a estar bien. Al final, el esfuerzo lo tienes que hacer y tienes que poner mucho de tu parte. Pero estar fuera te permite efectos que no te puedes permitir en tu ciudad, donde te conocen desde que ibas a parvularios. Eres libre para comportarte como quieras, para hacer lo que quieras, conocer a gente nueva que te aportan nuevas historias y también eres libre para sentirte a gusto sintiéndote sola. Y ahora tocaba pasar por esto. Aunque es cierto que el tamaño importa (siempre importa) y la mayor libertad te la regala el que sea una de las mayores ciudades del mundo.
Eso sí. No creas que todo es nuevo y diferente. Al final, los mismos esquemas se repiten: habrá gente que te dirá que te quiere y no te querrá, sufrirás traiciones, tendrás amigos que se convertirán por un tiempo en nuevos guías de tu vida y pronto se irán, incluso, conocerás a mucha gente que no te sorprenderá, pues te recordarán a algún modelo de referencia que ya tienes en tu ciudad. Es curioso las veces que dices: “me recuerdas un montón a un amigo/a una amiga de mi ciudad”. Pero aunque se repitan estos esquemas, aquí no te hacen daño, porque es más fácil poner una barrera infranqueable a tu corazón, la barrera de “lo que pasa en esta ciudad, se queda en esta ciudad”.

Y además, lo mejor de todo es que estando fuera es más fácil ver que tienes un punto de referencia para volver, un sitio en el que sabes que seguro te quieren. Lo mejor de todo son los mensajes que reconfortan diciéndote: “te echamos de menos”.

                                                                                  ¿Me voy a vivir al extranjero?
 

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6 comentarios

  1. Me gustó, es que he pasado por esto. Sí, para darme cuenta después que la vida vuelve a ser lo mismo en cualquier lugar, que no podemos evadirnos sin ser encontrados por la “humanidad” (Aunque sí hay ciertas cosas que podemos enterrar, digamos que referidas al tema amoroso)
    Pero qué lindo es vivir sola en una ciudad diferente y empezar a descubrir los rincones. Bue, parece que no me pongo de acuerdo en la idea jaja.
    Un abrazo, estés donde estés.
    Ese mensaje del final, en los oídos, es el cielo.

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    1. Efectivamente Vivian, la humanidad nos encuentra como muy bellamente dices pero otras se entierran ;) Sí que te pones de acuerdo con la idea porque todo lo que dices es verdad. Gracias. Otro abrazo para ti.

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  2. Esa ilusión que ponemos cuando hay que cambiar de rumbo.....Alejarnos de lo cotidiano nos ayuda a ver las cosas desde otro prisma. En otro lugar pasamos desapercibidos, y cada rincón es anónimo, no tiene recuerdos para nosotros, es virgen de memoria.
    Creo que lo estás consiguiendo P.
    Un abrazo apretao

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    1. Eso es. Eso se lo intentaba explicar ayer a una amiga, la importancia que tenía que esto fuera virgen de memoria. Gracias por tus palabras de ánimo! Ayudan :)))))

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  3. Uno cambia y el mundo sigue ahí... otras veces el mundo cambia y uno sigue ahi!!! Es cuentión del ojo con que se vea todo. Me gustó
    Saludos

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    1. Muchas gracias, Andrea. Efectivamente, el ojo influye. La ventaja cuando lo cambias todo, es que el ojo al final se inunda y tiene que empezar a verlo todo diferente. A veces, hay que obligarle. Otro saludo para ti.

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Alternativas a la tristeza: leer.

Sergio Fernández