Lo malo de tener una sola alternativa

By Psicomata - 03 febrero

    
Proceso de toma de decisiones
Tener alternativas es tener libertad. 
    Tengo claro lo malo que es para la salud mental de las personas tener una sola alternativa: un solo grupo de amigos, una sola responsabilidad a la que dedicarte, una sola actividad que te guste hacer, creer que solo existe una sola persona a la que poder amar. Puede convertirse en una condena para la insatisfacción y decepción vital. Sin embargo, durante mucho tiempo estuve enfadada con el mundo (y estar enfadada con el mundo es directamente proporcional a fastidiarte a si mismo, es decir, cuanto más te enfadas con el mundo, más te golpeas a ti mismo) y, por lo tanto, viví con el convencimiento que esa era la única alternativa.
   
    Además, en esos momentos cuando la gente te dice que existen otro mundo más allá de ese amor, trabajo, persona, etc, tú te ofuscas y no quieres seguir escuchando. De verdad te digo que te comprendo. Eres tú mismo el que se tiene que dar cuenta. Nadie te puede ayudar.

    Ahora que mis ojos se abren y veo que existen otras alternativas, no voy a decir muchas, pues no tengo tanta flexibilidad mental para ver ante mi un sinfín de alternativas, pero sí las suficientes como para poder elegir y saber que si me equivoco en una podré volver a empezar y escoger entre otras muchas diferentes.

     Si ahora mismo te encuentras en este estado y crees que tu vida ya no tiene sentido tras haber perdido ese trabajo, amigo o amante, aunque piensas que nadie te pueda ayudar (y menos este post), al menos, intenta relajarte. No te obligues a nada, ni siquiera a relajarte. Deja libre a tu cuerpo, dale permiso a relajarse. El cuerpo es sabio y encontrará la manera.  


     Como decía Viktor Frankl una vez que fue liberado de la tortura de vivir en un campo de concentración: 


     Es decir, el cuerpo se acostumbró mucho antes que la mente al concepto de libertad. Habían perdido la capacidad de alegrarse, pero lo que no perdieron fueron aquellas funciones básicas como querer comer o poder dormir. Por eso, si se lo permites, el cuerpo volverá a recuperar sus constantes. La mente vendrá después. No hay prisa.

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