La cosa está chunga. Depende pa' quién

By Psicomata - 08 febrero

Hay un restaurante en el camino de Córdoba a Sevilla (no recuerdo el nombre si no lo pondría), en el que tienen colgado un divertido cartel tras la barra que reza lo siguiente "Prohibido hablar de la cosa". Esta mañana cuando salí de mi casa, no había andando un paso más allá de mi portal y al pasar junto a dos personas que mantenían una conversación escuché como un hombre le decía a una mujer con la que charlaba "Es que la cosa está muy mal". Pero no se quedó ahí. Por si no fuera ya suficiente que, en situación de desempleo, la primera frase del día que oigas sea esa, el hombre la remató añadiendo "y cada vez peor". Empezamos bien el día- pensé.

Son esas frases que repetimos una y otra vez, como dogmas de fe, independientemente de lo real que sea para cada uno de nosotros. ¿Realmente "la cosa" está tan mal? Es verdad que todos conocemos historias de personas que han despedido pero ¿ya no hay "salvación" para esas personas?

Para ver que "la cosa" no está tan mal como contamos, sólo hace falta hablar con personas de otro país. Por ejemplo, ayer tuve la oportunidad de hablar con una mujer de Georgia, antiguo país de la Unión Soviética, y que históricamente ha pasado varios conflictos armados, siendo hace muy poco el último. Lo primero que me dijo es que en "España no sabíamos lo que significaba la palabra crisis"; "crisis es morirse de hambre porque todo está destruido y porque no existe ningún futuro porque el pasado ha sido destruido en una guerra".

Y en ese momento, me venía a la cabeza un nuevo negocio que hay en mi ciudad. Un negocio que no es nada insólito, pero que antes que crearan este, no existía ninguno en la ciudad, al menos de estas características. Es un bed and breakfast de lujo pero con precios populares, en el que un anfitrión -como a él le gusta llamarse- te guía por la ciudad montados en unas bicicletas que él pone a tu disposición.

Lo más interesante de esta nueva empresa es la historia de ese anfitrión. Un chico muy muy joven que pone en marcha este negocio en una ciudad con un alto nivel de paro en la que parece que la única solución es la emigración. Él se ha encargado de todo y se encarga de todo. Crea espacios para compartir cultura, música... Si hasta tiene un grupo en el que puedes aprender a hacer punto y croché para que los árboles tengan bufandas (en una original campaña para evitar la tala de árboles).

Seguro que hay quiénes le quitarán importancia a este emprendor (es que para él es fácil porque...) o creerán que ellos no pueden ser como él porque no tienen la suerte de disponer de un piso, un local o lo que sea para empezar o yo qué sé que podemos inventar para menospreciar su labor. O quizás la razón de estas críticas sean, más bien, el miedo propio a llevar su propia idea a cabo. Creer que nosotros no podemos. Y es esto lo que nos hace menospreciar la labor de otros. 

Y la pregunta en realidad es: ¿de verdad, no tengo nada diferente que pueda ofrecer a los demás? 


Una bufanda resultado de las clases de croché para proteger al  árbol del "frío" de la tala

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Alternativas a la tristeza: leer.

Sergio Fernández